EL ARTE RELIGIOSO EN LA VILLA DE ALAEJOS

 
 
 

La villa de Alaejos, declarada Conjunto Histórico-Artístico el 13 dejunio de 1980, reúne, como se sobreentiende de esta decisión oficial, un riquísimo elenco de obras de arte. Este amplio catálogo no sólo abarca la arquitectura civil, sino sobre todo edificios religiosos (junto con las obras de arte que éstos contienen) pues es en ellos donde el buen gusto llega a sus más altas cotas de realización.
Ya desde muy lejos, las aguzadas torres de las iglesias de San Pedro y Santa María rasgan la línea del horizonte, pero también deben mencionar-se las dos ermitas que se conservan: una consagrada a Nuestra Señora de la Casita, patrona del pueblo, y la otra cuya advocación es la del Cristo del Humilladero, en el cementerio. Existieron, en el paisaje de Alaejos, otros edificios religiosos hoy desaparecidos: un convento de franciscanos descalzos fundado en el año 1572 por D. Francisco de Fonseca, señor, a la sazón, de la villa, y la ermita de Santa Ana. Ambos edificios fueron arruinados durante la Guerra de la Independencia.
Toda la construcción es en Alaejos de ladrillo, pues éste se impuso plenamente en las zonas de tradición mudéjar como Medina del Campo, Mayorga, Olmedo, Rueda y Alaejos. En Alaejos, con el ladrillo se hacen grandes alardes, obteniendo una variada gama de formas y matices tales como arcos, cornisas, impostas, etc. También con el ladrillo se fabrican los abovedamientos de los templos. Los arcos y nervios se hacen con piezas colocadas a asta, mientras que la plementería de las bóvedas, más delgada, es un caparazón a media asta. La mampostería suele alternar con el ladrillo, formando recuadros y cajas que, a modo de encofrados, se rellenan de tapial u hormigón.



 
 

IGLESIA PARROQUIAL DE SANTA MARIA

 

 

"Vista de la torre de la iglesia de Santa Maria"
 

Se trata de una construcción del siglo XVI, en la fase purista de nuestro renacimiento, aunque la finalización de las obras no tiene lugar hasta el siglo XVII, con grandes influencias barrocas, sobre todo en el ochavo de la torre. Posiblemente se encuentra sobre el solar de una iglesia anterior, como prueba la pared del Evangelio que, en tres de sus tramos y a media altura, conserva un muro de sillería de los páramos. Asimismo, conserva una parte del antiguo camposanto recogido en un muro.
El material que se utilizó para la construcción es, esencialmente, el ladrillo -de arcilla de la región-unido con argamasa de cal y yeso, constituyendo, a veces, cajas en los muros para alojar hormigón, sobre todo en el muro del Evangelio.
Posee tres naves de pareja altura, es decir, planta de salón, iluminada por ventanales de medio punto. La cubierta es de teja a dos aguas. La cabecera presenta un bello ábside poligonal de contrafuertes cilíndricos en los ángulos y prismáticos en el resto del templo, rematados por pináculos también prismáticos. El edificio está recorrido por un bello alero sujeto por arquillos y ladrillos escalonados -a modo de canes- sobre un friso de esquinillas. Bajo este friso, por influencia mudéjar, se han dispuesto azulejos en blanco y azul que dan a la cornisa una bella composición. Existen dos portadas laterales, la del Evangelio, que está cegada, y la de la Epístola, con un doble arco de medio punto que enmarca una Asunción de madera. El conjunto remata en frontón sobre una discreta tribuna de ladrillo.
A los pies, del lado de la Epístola, se erige una hermosísima torre cuya obra fue dirigida por Simón González, alarife de la villa de Alaejos. Está hecha de ladrillo sobre pie de piedra. Consta de cuatro cuerpos de lisa superficie. Viene encima otro cuerpo cuadrado con frontones partidos en cada frente, a modo de fachadas. Los frisos y antepechos se ornamentan con azulejos de vario colorido. Se corona con ochavo barroco, con dobles arquerías, cubierto con cúpula, linterna y cupulín cónico. Se han desprendido los adornos vidriados que había sobre las crestas de ladrillos escalonados. Esta torre había de constituir un modelo a imitar, no sólo en la igesia de San Pedro, del mismo Alaejos, sino también en otras de la zona occidental de la provincia, como las de Sieteiglesias de Trabancos, Torrecilla de la Orden o la de los Santos Juanes de Nava del Rey. El campanario de esta torre acoge, entre otras campanas, una muy especial, de grandes dimensiones y con un sonido inconfundible. Acerca de esta campana hay un dicho local que reza lo siguiente:

María de la O me llamo,
Veinte quintales peso;
Quien no me crea,
Que me coja a peso.
 

Pero donde más destaca esta iglesia, declarada Monumento Artístico Nacional ya en 1931, es en su decoración interior. Como hemos dicho, está dividida en tres naves por arcos de medio punto y pilares cuadrados. Tanto en el presbiterio como en la cabecera los arcos -que descansan en capiteles jónicos- tienen, en sus intradoses, una decoración a base de casetones con rosetas en su interior. El resto de las naves se cubre con bóveda de arista en la central y de cañón en las laterales -ambas con lunetos-, descansando en capiteles rematados con placas.
La cabecera, poligonal, se cubre con una espléndida armadura de madera del siglo XVI, de estilo mudéjar con características renacentistas, toda ella dorada y policromada, seguramente una de las más suntuosas de la provincia en esta época. En el crucero se dispone otra armadura mudéjar-renacentista, pero sin dorar ni policromar. Este artesonado se perfora en el centro para dejar lugar a una linterna que ilumina este espacio. A los pies de la iglesia se sitúa un alto y bajo coro, fechado a finales del siglo XVI, realizado en madera, de talla plateresca que, de nuevo, une la tradición mudéjar con el Renacimiento. En la parte alta del coro hay un precioso órgano barroco del siglo XVI~. Y en el sotocoro, del lado del evangelio, se conserva una reja de madera que cierra la capilla bautismal en la que se encuentra una escultura de Cristo atado a la columna, del siglo XVI.
Otra joya es el retablo mayor, del último cuarto del siglo XVI, obra de Esteban Jordán y réplica del retablo de Santa María de Medina de Rioseco, del mismo autor. Pero el retablo de Alaejos es, sin duda, la obra más fina, más lograda y menos conocida de Esteban Jordán y no por ser una réplica pierde mérito. En realidad, la reducción de tamaño le beneficia, no se deja hueco libre, la decoración todo lo colma. Este retablo realza magníficamente la capilla mayor, conocida por una de las más espléndidas bóvedas de un plateresco de mudejarismo.
Asimismo, es magnífica la sacristía, compuesta por dos salas y un camarín, que conserva excelentes yeserías barrocas en los techos y una cajonería de nogal, barroca, también, del siglo XVIII. Son también dignas de citar en este templo una Virgen con Niño del siglo XV (La Virgen Morena), un gran crucifijo de marfil sobre cruz de ébano del siglo XVII, una Inmaculada del siglo XVIII, una custodia tipo sol del siglo XVIII y una cruz parroquial del siglo XVII, con punzón de la ciudad de Salamanca.

 

"Vista de Santa María"
 
 
IGLESIA PARROQUIAL DE SAN PEDRO

 

"Vista de la torre de la iglesia de San Pedro"

Esta iglesia, declarada monumento histórico-artístico en 1980, se comienza a construir con posterioridad a la de Santa María, pero también se puede fechar en la segunda mitad del siglo XVI. Esta es una iglesia de tres naves, ligeramente más alta la central, pero sin llegar a iluminarse directamente, constituyendo, así, un ejemplo más de planta de salón. La luz entra por ventanas de medio punto, derramadas interior y exteriormente y bastante amplias.
El material empleado en la fábrica es el ladrillo que, en algunas partes del muro del Evangelio, constituye cajas para cerrar hormigón. Las bóvedas, de estrella con terceletes, son también de ladrillo.
La forma cúbica del edificio y la lisura de los paramentos queda un tanto paliada por los resaltados contrafuertes, rematados con pináculos en forma de prisma. La monotonía también se rompe con la imposta que recorre los paramentos y con las bien perfiladas cornisas. Queda, así garantizado un bello efecto de luz y sombra y una delicada bicromía -rojo y blanco-conseguida por los ladrillos y la argamasa que los une. Tiene dos portadas que se abren en el tercer tramo de las naves laterales, una en el lado del Evangelio, que da a un patio, y otra, la principal, en la Epístola, a la que se accede por una escalinata de piedra y pizarra. Ambas se resuelven en simple arco de medio punto de arista matada.
A los pies, del lado de la Epístola, se levanta una airosa torre, la más gallarda de toda la zona occidental de Valladolid. Está hecha de ladrillo y consta de cuatro cuerpos, cada uno de los cuales posee una organización arquitectónica a base de pilastras planas toscanas y entablamento de variadas formas, en orden a buscar las luces adecuadas. En el segundo y tercer cuerpo figuran esgrafiados en el friso con temas de triglifo, leones, águilas explayadas de dos cabezas y el escudo de San Pedro (tiara y llaves cruzadas). Encima descansa otro cuerpo cuadrado, más estrecho, sobre el que monta otro ochavado, rematado por una cúpula apuntada y una linterna con cubierta cónica. Las dos cúpulas, con nervios, se cubren con una decoración de bolas de cerámica vidriada en azul montadas sobre pedestales. El empleo de esgrafiados y de cerámica de colores da a esta torre un aire oriental, a modo de minarete, aunque, en realidad, se trata de una obra barroca del siglo XVII.
Ya en el siglo XVIII se construiría, entre la cabecera y el testero de la nave de la Epístola, un balcón corrido rematado en frontón, todo de ladrillo y ejemplo de la belleza formal que se puede lograr con este material. Tenía como finalidad presenciar los festejos que pudieran celebrarse en la plaza.

En cuanto a la disposición interior del edificio, tiene, como hemos visto, tres naves con bóvedas de crucería estrellada. Las bóvedas se atienen a un mismo trazado para los tramos del presbiterio y la nave central, y a otro diferente para las naves laterales; pero todas con nervios cruzados, terceletes, buenas claves de tipo pensil con cogollos y cabezas angélicas envueltas en arandelas de grutescos y hojas recortadas y carnosas, todo ello realizado en yeso. La separación de las naves se hace por arcos de medio punto cuyas roscas e intradoses se recorren con junquillos, escotaduras y rosetas. Arcos formeros y perpiaños reposan en pilares con pilastras adosadas en los frentes y capitel jónico. Los paños laterales aparecen con una rica decoración con pinturas de grisalla. A lo largo de toda la iglesia, por los muros, corre un friso en el que aparecen inscripciones latinas que aluden a Cristo, María, los santos y, en la cabecera, al titular del templo, San Pedro.

 
"Retablo Mayor de S.Pedro.Estilo romanista,último tercio del siglo XVI"

El retablo mayor, de finales del siglo XVI, está dedicado a San Pedro y como dice una inscripción del mismo, fue finalizado en el 1603. No conocemos su autor, se dan multitud de hipótesis, lo que si podemos decir es que es obra de un escultor con influencias manieristas y de escasa invención, lo que no quita valor a este bello conjunto escultórico.
En el lado del Evangelio se puede admirar un retablo plateresco que muestra apreciables esculturas dentro del estilo de la escuela de Alonso Berruguete. Este retablo fue traído del despoblado de Valdefuentes -población que desapareció en el siglo XVII- y, por su construcción, correspondería a la capilla mayor. En el lado de la Epístola se ve un gran retablo barroco decorado con cabezas de serafines, todo dentro del estilo de Pedro de Sierra; fue lastimosamente repintado en 1911. En esta misma nave hay otro retablo barroco, del siglo XVIII, dorado, con grandes columnas salomónicas entre las que se alza la imagen de un crucifijo muy enigmático cuya cabeza es una simple mascarilla cubierta por una peluca. En el último tramo de los pies se sitúa el coro, cerrado por reja de madera de principios del siglo XVII y con una sillería de nogal de dos órdenes de asientos: el superior con brazos y el bajo corrido. En uno de los laterales, en la parte superior, se halla un precioso órgano barroco del siglo XVIII. En la sacristía existe una valiosísima cajonería barroca del siglo XVIII.

"Organo barroco de la iglesia parroquial de S.Pedro.Mediados del siglo XVIII"

Posee, asimismo, un verdadero tesoro artístico que se traduce en un cristo filipino de marfil del siglo XVIII, una cruz parroquial de plata sobredorada del siglo XVI de notable valor y un cáliz de plata dorada de la segunda mitad del siglo XV. Todo ello se expone actualmente, por seguridad, en el Museo Interparroquial de la Iglesia de Santa Maria, en el que se reúnen las mejores y más ricas piezas pertenecientes al patrimonio de ambas parroquias.



 

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA CASITA

"Ermita de nuestra señora de la Casita"

El templo actual es resultante de numerosas reformas, como se observa en los muros del Evangelio y de la Epístola, que son de cantería y que tienen los ventanales y las portadas cegadas. En la nave del Evangelio, en su muro exterior, se conserva el que se cree es el más antiguo escudo de la Villa.
La edificación actual es de ladrillo, con tres naves separadas por pilares con arquerías de medio punto que soportan una cubierta de cielo raso en la nave central y bóvedas de cañón en las laterales. Aunque la primera obra es del siglo XV, la más importante reforma tiene lugar en la primera mitad del XVIII y en ella se realizó un presbiterio con cúpula elíptica cubierta de yeserías barrocas y la fachada principal de ladrillo, con contrafuertes cilíndricos en los extremos y cúbicos flanqueando la entrada. Se remata con frontón truncado sobre el que se alza una sencilla espadaña.
También al siglo XVIII, corresponde el actual retablo-tabernáculo, de notable decoración churrigueresca, en cuyo interior se venera la imagen de la Patrona.
Esta imagen, la de la Virgen, es de madera de frutal y estilísticamente podemos decir que se trata de una talla protogótica de finales del siglo XIII y que, a partir del siglo XVIII, se vistió, como era costumbre en esa época, lo que trajo como consecuencia una serie de mutilaciones, y otra serie de desperfectos en la talla.

ERMITA DEL CRISTO DEL HUMILLADERO

El Humilladero, del siglo XVI, se encuentra inserto en el cementerio, éste construido en 1833. Es de planta única y cuadrada con un alzado prismático y cubierta de bóvedas de crucería cuya única abertura es la de la pequeña puerta. En su interior albergaba una imagen de un crucificado de tamaño natural que, actualmente, se encuentra en el Museo Interparroquial.

Francisco José Rodríguez Carracedo.
A.P.C.A.