FOLKLORE
 
 
 

La palabra folklore con frecuencia induce a error. Su auténtico significado, la cultura de un pueblo, se ha visto desvirtuado y se ha confundido, a menudo, con aquellas manifestaciones que implican, tan solo, bailes, canciones o fiestas. Folklore es, pues, todo el acervo cultural de un pueblo. Sin embargo, como sus múltiples aspectos nos exceden, vamos a intentar ceñirnos a las fiestas.
Aspectos religiosos y profanos se han ido entremezclando a lo largo de la Historia, superponiéndose y enmascarándose unos a otros y dando lugar a las fiestas que conocemos hoy en día. Como vamos de fiesta, nos acomodaremos, como ellas, a las estaciones del año, pues la mayoría de ellas estan relacionadas con los ciclos agrarios, y Alaejos ha sido y es un pueblo principalmente agrícola. Nuestro folklore actual, a pesar de ser rico, no es nada en comparación a lo que debió ser antaño.
 

EN INVIERNO

No comenzaremos el 21 de diciembre con el invierno astronómico, sino con las primeras nieblas y heladas fuertes que invitan al recogimiento en las casas, al amor de la lumbre, los braseros o las glorias.

Los Difúntos. Empieza el invierno, pues, recordando a aquellos que vivieron entre nosotros y se fueron para siempre. Todo se prepara el día uno de noviembre, es, entonces, cuando en las casas se consumen «huesos de santo» y buñuelos de viento. Durante todo el día hay visitas a los cementerios con el fin de limpiar las sepulturas y colocar flores en ellas. Al día siguiente, Día de los Difuntos o de las Animas, se acude al cementerio a recordar a los deudos fallecidos. Entre los manjares de estos días no sólo se encuentran los «huesos de santo» y buñuelos, de los que hemos hablado, también las castañas asadas o cocidas.

Las Matanzas. «Todo cerdo dene su San Martín», así reza la tradición popular en alusión a hecho de que, habitualmente, se comenzaba a matar por esta fecha: el once de noviembre. Sin embargo, en la actualidad es mucho más común hacerlo en las vacaciones de Navidad, cuando toda la familia puede estar presente para echar una mano. Esta es una fiesta muy especial en la que el hermanamiento llega al máximo, con la ayuda mutua y con la probadura del «picadillo», que aún hoy se regala a amigos y vecinos.

Los Quintos. los mozos que entran en la edad militar empiezan a organizar sus clásicas «reuniones» a mediados del Otoño. El 30 de diciembre salen de su casa y pasan casi dos días fliera, organizados como un grupo cerrado y exclusivo: comen, cenan, trabajan y, sobre todo, se divierten en común. Esos dos días y hasta la noche del 31, la más importante, los quintos han ido amontonando la leña que han conseguido para llenar de fuego su fiesta. El honor de los quintos se mide por el tamaño de la hoguera que han de encender, y éste se vería gravemente humillado si alguien extraño al grupo la prendiera antes de lo previsto, habitualmente, a las cinco de la mañana. En la noche de Fin de Año -que es, seguramente, la más ancestral fiesta de Alaejos- el cielo de la Villa se tiñe de un rojo anaranjado que anuncia un nuevo ciclo para los vecinos y, sobre todo, para los mozos, que acaban de demostrar que merecen ser considerados hombres. Además, los quintos celebran el Día de Reyes una misa, con una pequeña hoguera en honor a la patrona, Nuestra Señora de La Casita, y un baile en el que actúan de recios anfitriones, invitando a todo el pueblo a asistir, previo pago del tributo obligado, que no es sino un trago de vino, a morro, directamente de la garrafa.

San Antón. Con esta fiesta comenzaban oficialmente los carnavales, es decir, la época de la inversión del orden establecido, aquí son los animales los que reciben la bendición divina, en vez de las gentes. Era entonces cuando tenían lugar las llamadas «Caballadas» o cortejo de asnos montados por los mozos y con los cuellos engalanados de ristras de chorizos. Tras esto, las pandillas se reúnen para celebrar la Sanantonada y comerse tan ricos manjares. Con anterioridad, en la noche de la víspera, se ha rondado a las mozas y se han adornado sus portales con ramas de retama y con paja, cosa que, aunque no es de agrado, se espera, ya que pobre del orgullo de la moza a la que no ponen tan deseada ofrenda.

Las Aguedas. Ultimamente ha resurgido esta fiesta en la Villa, y el número de «aguedonas» es abultado. Todas se han lanzado a hacerse ropas de nuevo cuño que tratan de imitar a las que llevaron sus abuelas hace años El día 4 de febrero las cofrades, dirigidas por la aguedona mayordoma-que porta la vara principal de alcaldesa por un día-, acuden a la iglesia a celebrar las vísperas y, posteriormente, se trasladan a la casa de la mayordoma, donde tiene lugar un refrigerio al calor de una hoguera. El día 5, el de la fiesta, se celebra la misa y la procesión, las aguedonas salen a pedir por las casas y, por la noche, tiene lugar un baile en el que es raro ver a algún mozo, o no tan mozo, sentado o parado.

Carnavales. Para finalizar el invierno llegan los auténticos carnavales. En este momento de desenfreno, las «flores fritas» y otros dulces son los que mandan. Ya, a finales de diciembre, en enero y a principios de febrero hay fiestas con intercambios de papeles dignas de figurar, también, en los carnavales: las Aguedas, en las que es la mujer la que manda; San Antón, en la que lo hacen los animales. Pero los verdaderos carnavales comienzan en el «Jueves de Compadres» y el «Jueves de Comadres» con meriendas en el campo a base de hornazos y mondongo. El Carnaval culmina en el «Domingo Gordo», jornada repartida entre celebraciones religiosas y profanas. Las religiosas consisten en un triduo (domingo, lunes y martes) de Carnaval en el que la cofradía del Cristo de Caridad se reparte entre sus cofrades los sermones de esos días y el convite en la sacristía, que consiste en vino y bizcochos. Luego, por las noches, todo cambia y es baile y máscara.
 
 
 

LA PRIMAVERA

Con la eclosión de la primavera comienzan muchas labores que han de culminar, más adelante, en la cosecha.

Semana Santa y Pascua de Resurrección. Comienza este periodo, en el Domingo de Ramos, con la procesión de los ramos que, en el caso de Alaejos, son de laurel, con cuyas hojas se condimentará el puchero de todo el año. Es un día en el que todos estrenan algo, pues bien es sabido que «Quien no estrena el Domingo de Ramos, se queda sin pies ni manos». Después, durante toda la Semana, se suceden las procesiones en los diferentes pueblos y villas, Alaejos no es una excepción y, durante el Jueves y el Viernes Santo, los magníficos pasos y sus cofradías salen por las calles. Destaca la procesión llamada «del Silencio», el Viernes Santo a la media noche, en la que sale solitaria y silenciosamente el paso de «la Dolorosa» y su cofradía.
Y, mientras tanto, los feligreses juegan a las chapas, asisten a los Oficios y visitan el Monumento, y los monaguillos rompen el silencio con las carracas y matracas, pues las campanas y esquilas están prohibidas hasta la resurrección de Cristo, el domingo. Tras la gran noche del Sábado de Gloria y el Bautismo del Cirio Pascual, llegamos al Domingo de Resurrección, con la misa y la procesión del «Encuentro», donde todo es júbilo por la reunión entre la Madre y el Resucitado.

El mes de Mayo. Este mes tiene un profundo significado en Alaejos, está todo él cargado de celebraciones. El mes comienza y acaba presidido por el «Mayo», enhiesto árbol colocado por los quintos.
La primera celebración es el 10 de Mayo, fiesta que conmemora a la patrona de la Villa, Nuestra Señora de la Casita, con misa y romería en
ermita. Inmediatamente después llega el día de San Isidro, patrón de los agricultores y, por tanto, es fiesta en Alaejos. Tras la misa, la procesión lleva al Santo a bendecir los campos; tras esto, el mayordomo correspondiente invita a los vecinos del Pueblo, en la Hermandad de Labradores, a vino y dulces, si es que los chiquillos dejan alguno. Por la tarde el Pueblo se acerca a los pinares para la merienda, en la que no puede faltar la típica empanada de Alaejos.

El Corpus. También es un día grande para Alaejos, debemos destacar la procesión del Santísimo Sacramento, escoltado por los niños que acaban de recibir su Primera Comunión y por los palios de las parroquias. Las calles se engalanan con los mejores tercios y, al paso del Señor, se arrojan las primeras flores de la temporada junto con hierbas olorosas.
 

EL VERANO

Tiempo de trabajo en el campo y, sobre todo, de cosecha que apenas deja tiempo para fiestas. Sin embargo, una vez terminadas las tareas, la explosión de alegría es incontenible y se desborda.
Esto último ocurre entre mediados y finales del mes de agosto, cuando lo que queda en las eras, si queda algo, es cribar algunas granzas y barrer el suelo. Es entonces cuando se celebra la Fiesta en Honor de los Emigrantes, esos hijos de la Villa que, por unas circunstancias u otras, debieron abandonar su pueblo natal y su familia. Aprovechando estas fechas, en que el que más o el que menos regresa a su tierra, hace unos años se instituyó esta fiesta. Por la mañana se celebra, en la ermita de la patrona, una misa a la que acuden todos los emigrantes. Ya por la tarde, y en una dehesa -de la que, generalmente, se traerán los novillos de las fiestas de septiembre-tiene lugar una capea de vaquillas con limonada y fritos a cargo del ayuntamiento. En la noche, el éxito de la verbena está asegurado.

Fiestas de septiembre en honor a la Virgen de la Casita. Son las fiestas por excelencia en cuanto a número de gente que se reúne y festejos que comprenden. Por todo esto son las más esperadas y, cuando en la plaza comienzan a construirse los tradicionales «Tablados», a todo alejano le hierve la sangre. La víspera por excelencia, pese a que se alarguen las fiestas, es el día 7, con sus alocadas dianas, su desfile de peñas y sus fliegos artificiales: las «tracas». El ambiente se traslada a las calles y a las peñas, donde no es difícil participar en algún «Tío Maragato» que otro. La noche se hace corta pues, el día 8, día de la fiesta, el encierro es muy temprano.

 

"Encierro por la calle La Cárcel ,tal y como se hacian antaño"

 

Al mediodía tiene lugar una misa y romería en la ermita, con la tradicional procesión en que se ofrecen a la Virgen los recién nacidos del pueblo y, no podía faltar, el baile de la «Charambita», a cargo de la Cofradía de Bailarines y de todo el que se preste.
En las fiestas juegan un papel importante los acontecimientos taurinos, con una gran afición en la Villa: además de las novilladas, no pueden faltar los encierros por las calles y por el campo -a caballo-; ni las verbenas con suelta de vacas y, sobre todo, que no pare la música. Todo ello en el incomparable marco de la Plaza Mayor, ahora más bella aún con las talanqueras de palos verticales que ofrecen la oportunidad de participar del espectáculo a todo el que quiera y se atreva.

EL OTOÑO

La Vendimia. En otoño, cuando finaliza la cosecha, comienza la Vendimia que, con la recuperación del viñedo en Alaejos, hace que ésta, pese al trabajo que comporta, sea una fiesta: ir cantando al majuelo, hacer lagarejos a mozos y mozas, la vuelta con el mosto rezumando de los cestos y cuévanos, y la fiesta final.

Francisco José Rodríguez Carracedo

A.P.C.A.
 
 

BIBLIOGRAFíA

Castilla y León. VALLADOLID. Varios autores. Apartado de Folklore. por D. Mercedes Cano Herrera, Editorial Mediterráneo. Madrid, 1989.