La gastronomía vasca
está alcanzando sus máximas cotas de popularidad y desarrollo
en los últimos años, como consecuencia del movimiento renovador
que impulsaron, en los años setenta, una serie de jóvenes
cocineros, sensibles a las nuevas tendencias de la cocina internacional,
que en aquella época tenían como punto de referencia la nouvelle
cuisine francesa. Cocineros como Arzak, Irizar, Subijana, Pildain y otros
muchos, fueron protagonistas de aquella revolución culinaria que
se llamo "nueva cocina vasca". Hoy en día son maestros de prestigio
internacional y han seguido su camino nuevas generaciones de restauradores,
que mantienen la cocina vasca a un altísimo nivel.
Antes incluso de convertirse
en un fenómeno social de largo alcance, la cocina vasca gozaba de
una fama notable por sus platos sencillos y nobles, basados en el aprovechamiento
de las excelentes materias primas que facilita el entorno. Los platos más
conocidos y originales de la gastronomía vasca giran en torno al
pescado que se obtiene directamente en las costas vasca o procedente de
los lejanos caladeros que explotan desde hace siglos los pescadores vacos.
La merluza, el besugo o el bonito son las piezas angulares de la gastronomía
del pescado, enriquecida con la incorporación de otras especies
como el rodaballo, el rape o la lubina. Pescado más humildes como
las sardinas o las anchoas tampoco pueden faltar, en su temporada, en una
carta bien surtida.
La cocina de los productos
del mar está también vinculada a unas pocas salsas básicas
y ligeras cuya función se centra en extraer las esencias del pescado
sin modificar su textura ni ocultar su sabor, como la delicada salsa verde,
o el pil-pil con el que se prepara el bacalao. La tendencia de los vascos
a aprovechar al máximo todo lo que ofrece la tierra y el mar ha
llevado a incorporar al recetario -con gran éxito- piezas que otras
cocinas no aprecian, como la kokotxas, pequeñas piezas gelatinosas
de delicado sabor que se extraen de la cabeza de la merluza, el cogote
-parte superior del pescado- de la misma especie, o la ventresca o ijada
del bonito.
Los chipirones, cocinados
con su tradicional y originalísima tinta negra o salteados con cebolla
y pimiento son especialmente apreciados, sin olvidar las angulas, crías
de anguilas de tres o cuatro centímetros que, fritas durante unos
segundos en cazuela de barro, son un bocado exquisito que sólo se
consume en el País Vasco.
La carne, especialmente la de ganado ovino, destaca en el recetario alavés, donde asan y guisan con maestría el cordero. En Gipuzkoa y Bizkaia la carne más apreciada es la chuleta, mejor si es buey. Asada en la parrilla, bien tostada por sus dos caras y sangrante en el interior, es la esencia de la cocina rural.
El producto más típico de la huerta vasca es la alubia, la judía seca. La alubia roja de Gernika o Tolosa, se cocina a fuego muy lento y se sirve acompañada de morcilla, chorizo, costilla, tocino... y de un plato de berzas que la hace más fácil de digerir. En Alava, sin embargo, prefieren las habas. Las judías verdes, llamadas vainas, o la sopa de puerros con patatas -la porrusalda- son también piezas básicas de la cocina de la huerta, que en Alava, por su proximidad con las vegas del Ebro, es especialmente rica y variada alcanzando su punto culminante en las menestras que combinan todo tipo de hortalizas. Aunque se consume en todo el país, es típico de Bilbao el pisto, un ligero guiso de verduras que incorpora tomate, calabacín, pimientos...
Y si la mesa está bien
surtida, no lo está menos la bodega. Los vinos de la Rioja Alavesa
pueden competir con los mejores del mundo a pesar de su extensión
relativamente pequeña. Su clima, su suelo y la uva de la variedad
Tempranillo, permiten obtener caldos que, dependiendo del tiempo que han
permanecido en barrica de roble, serán de crianza, de reserva o
de gran reserva.
Alava y sobre todo Bizkaia
y Gipuzkoa también producen txakoli, un vino joven, fresco y afrutado
que ha comenzado a conocerse fuera del País Vasco en los últimos
años.
Y no se puede olvidar la sidra,
que podremos degustarlas en las propias sidrerías, establecimientos
donde se produce esta deliciosa bebida de baja graduación alcohólica.
IR DE PINTXOS
No es necesario sentarse a
la mesa para saborear la cocina vasca. Las barras de muchos bares están
bien surtidas de pintxos, diminutas raciones de los platos más diversos,
desde la simple tortilla de patata o la gilda (guindilla, anchoa en salazón,
aceitunas...), hasta las recetas más elaboradas reducidas a su mínima
expresión que se están desarrollando a través de la
llamada "cocina en miniatura". Una selección de pintxos puede convertirse
en una autentica comida, pero es conveniente ser prudente, porque su precio
no siempre está en concordancia con su tamaño.
LAS SOCIEDADES GASTRONOMICAS
La sociedad gastronómica,
a la que en Bizkaia se le da también el nombre de txoko, es una
institución netamente masculina en la que siempre se ha cuidado
con esmero la buena cocina tradicional, preparada por los propios socios.
Son por lo general clubes privados, a los que sólo los socios tienen
acceso, y en algunas de ellas no permiten -salvo en fechas señaladas-,
el acceso a las mujeres. Pero todo socio puede invitar a su sociedad a
los acompañantes que desee, y esta es una oportunidad que si se
presenta no se debe desaprovechar.