Diversas colectividades humanas se fueron convirtiendo en tribus que mantenían escasos contactos entre sí, y menos aún con otros pueblos. Los romanos, los primeros colonizadores sistemáticos del continente europeo, tuvieron también una fuerte presencia en la Península. Cruzaban el País Vasco -frontera natural entre la Península y el continente- algunas de sus calzadas principales, y explotaban yacimientos de mineral de hierro próximos a la costa. Alcanzaron cierta implantación en Alava, pero los valles del norte se les resistieron, y tampoco insistieron demasiado, intimidados sin duda por aquellas montañas y desfiladeros bien defendidos por los naturales que allí habitaban.
Otro tanto sucedió con los pueblos bárbaros, así como los musulmanes, frenados en su avance en la frontera sur de Alava, donde instaló sus líneas defensivas el rey de Navarra, de quien dependían gran parte de los territorios vascos. La dependencia de estas tierras de la monarquía navarra era meramente nominal, porque en realidad quienes dominaban los valles eran los señores feudales, los jauntxo, poderosos en sus casas-torre. Divididos en bando, vivían enzarzados en conflictos perpetuos por la posesión de la tierra, el cobro de impuesto, la explotación de los bosques, etc.
En el siglo XIII, Castilla anexionó gran parte del País Vasco, rompiendo éste sus tradicionales vínculos con Navarra. Pero los reyes castellanos padecieron también el carácter irreducible de los nobles locales, los Parientes Mayores, cuyas torres acabaron desmochando en el siglo XV para aplacar sus ánimos por medio de estas mutilaciones arquitectónicas.
A medida que se iba desarrollando
el comercio, en relación siempre con su posición estratégica,
el País Vasco se iba homogeneizando con su entorno, pero este fenómeno
afectaba fundamentalmente a las ciudades portuarias o a las que acogieron
importantes mercados o aduanas. En los valles del interior no se percibieron
cambios sustanciales durante muchos siglos. Los Fueros vascos fueron abolidos
a finales del siglo XVIII, y esta circunstancia fue el germen de numerosos
conflictos, no siendo ajenas las guerras carlistas del siglo XIX en las
que, en torno a un conflicto dinástico que actuó como catalizador
de las tensiones, se enfrentaron una incipiente visión estatalista
y la visión foralista que deseaba preservar las peculiaridades vascas.
A finales del siglo XIX, el País Vasco comenzó a perder su
relativo grado de soberanía, hecho que durante el franquismo se
acentuó y dio lugar al intento de anulación de todos sus
rasgos específicos. Cuatro años después de la muerte
de Franco, el País Vasco se dotó de un Estatuto de Autonomía,
aprobado en 1979, y es en la actualidad una de las diecisiete Comunidades
Autónomas del Estado Español. Dispone de Parlamento y Gobierno
autónomo, así como de competencias propias en materia de
Sanidad, educación, Seguridad, Cultura, Gestión económica,
Justicia, etc. La Comunidad Autónoma del País Vasco, a su
vez, está dividida en tres territorios Históricos: Alava,
Bizkaia y Gipuzkoa, que cuentan asimismo con órganos propios de
gobierno, las Diputaciones Forales, a través de las cuales se gestionan
en el ámbito territorial algunas de las competencias transferidas
por el gobierno central a esta Comunidad de poco más de 2.100.000
habitantes.
EL EUSKARA, UN PATRIMONIO EXCEPCIONAL
El Euskara es, junto con el
castellano, lengua oficial de la Comunidad Autónoma Vasca. Se trata
de un auténtico tesoro cultural, una reliquia viva y única
que, además, es medio de expresión y comunicación
de muchos vascos. Después de siglos de recesión, en la actualidad
vive una cierta recuperación y su uso se ha extendido a todos los
campo, como la enseñanza, la universidad, los medios e comunicación,
etc.
Algunas de las expresiones
más genuínas del País, como los bertsolaris, auténticos
poetas que improvisan sus composiciones, están fuertemente vinculados
al Euskara.
DEPORTES RURALES
Los juegos y deportes populares
vascos están basados en la fuerza y guardan una relación
directa con los quehaceres cotidianos de caseríos o baserritarras
y pescadores, recreación lúdica y competitiva de la rutina
diaria. En la actualidad los deportes rurales o "Herri Kirolak" son uno
de los actos principales de las fiestas y celebraciones de las localidades
vascas.
Existen numerosas modalidades,
pero las más espectaculares son el levantamiento de piedra o "harriketa",
en ocasiones de más de 300 Kg., el corte con hacha de tronco o "aitzkora"
y la "idi-probak" arrastre de piedras efectuada por una pareja de bueyes.
En verano, todos los pueblos
de las costas son escenarios de las regatas de traineras, embarcaciones
propulsadas por remeros, que atraen a numeroso público.