Lisboa

 

Lisboa es una de las capitales europeas más pequeñas y destila una calidez e intimidad que muchas grandes urbes hace tiempo perdieron. Salpicada de tortuosas colinas, combina la energía de un activo puerto con la elegancia marchita de antigua capital de un imperio colonial. Ropa tendida en balcones atiborrados de flores, callejuelas árabes que se retuercen en oscuras esquinas y unos habitantes que se entregan a la charla en desvencijados cafés y restaurantes. Viejos tranvías y estruendorosos ascensores y funiculares añaden sabor a la estampa añeja, al igual que los limpiabotas callejeros, los olorosos braseros de las vendedoras de castañas y el aroma a café que nos espera en decimonónicos bares.

Para situarnos, nada mejor que imaginar la llegada en barco, medio de transporte utilizado por miles de viajeros durante siglos, a la Plaça do Comércio. Delante de nosotros, en entramado de calles que componen la Baixa, o ciudad baja, con gran presencia de oficinas, restaurantes y muchas de las mejores tiendas de la ciudad.

En su lado norte está Rossio, flaqueada por otras dos plazas, Praça da Figueiras y Praça dos Restauradores. Los otros tres barrios clave de Lisboa se extienden a ambos lados. En lo alto, a la derecha y en el este de la ciudad, el castillo de San Jorge, la fortificación más antigua y cuna de la ciudad. El enjambre de calles antiguas y llenas de color que se abre al pie del castillo configuran el sugestivo barrio de Alfama. Al oeste se sitúan el elegante distrito comercial del Chiado (a mitad de camino subiendo desde la Baixa) y, en lo alto de la colina, el Barrio Alto, o ciudad alta, repleto de bares y restaurantes.

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