He marcado las notas a pie de página con números entre paréntesis y he redactado sus comentarios al final del artículo.


 

EUROPA, UNA APUESTA CAPITALISTA AVOCADA AL SOCIALISMO

(Ricardo Lamas Vallo)


 

Si, lo sé, es de mal gusto hablar de izquierdas, diestras o siniestras derechas. Bueno tal vez a usted no le resulte de mal gusto, y simplemente le parezca que se encuentra fuera de lugar o de época, porque el centro y el consenso se han impuesto por motu propio y lo importante, lo único importante, es que el partido gestor del momento sea honesto. En tal caso, si usted piensa esto, usted es el lector al que va dirigido mi, he de reconocerlo, apologético análisis. De lo cual me disculpo, ofensivamente. ¿Cómo se puede ser honesto en un análisis sin alcanzar unas conclusiones que marquen nuestro artículo casi desde el punto de partida? ¿A quién quieren convencer esos analistas que pretenden estar en sus ensayos descubriendo las realidades que relatan simultáneamente a la escritura? Yo por lo menos soy incapaz de comenzar a escribir sin haber alcanzado algunas conclusiones, aun cuando estas no me gusten o convengan.

La política de la susceptibilidad, amenaza con alcanzar también el modo de escribir de los nuevos ensayos. Que ya, sin siquiera la disculpa del temor, escriben sin describir a nadie, absorbidos por las nuevas morales políticas basadas en la susceptibilidad de los presentes estados ideológicos, seudo-ecológicos, seudo-tradicionales, seudo-todo que han hecho de la pataleta y el recuerdo(1) su único argumento, demostrando su ambiciosa calidad moral.

¿Realmente hemos llegado a ese estado de evolución de la democracia en el que se ha superado la confrontación entre justicia social u obrera y los valores de libre mercado? Se habla de consenso en las políticas de los partidos y parece que la democracia occidental ha hallado por fin su centro y la labor del político se puede definir con claridad definitivamente. El partido gobernante debe ser un administrador de la riqueza nacional, por lo cual su peor pecado es sin duda la corrupción o estafa al estado.

Sin embargo bien pudiera ser que este aparente consenso no fuese precisamente el de una política de centro. ¿Es posible una política de centro? ¿Una política en que ni sufra el mercado ni el ciudadano medio bajo? ¿Europa es realmente un proyecto de los ciudadanos o tan solo una empresa para ciertos ciudadanos? ¿Realmente hay conciencia política de los presupuestos bajo los cuales estamos construyendo la unión económica y del modelo de sociedad con el cual se corresponden?

Para comenzar a responder a estas y a otras preguntas que nos irán surgiendo a medida que avancemos en nuestra investigación es preciso aclarar, por supuesto del modo más elemental posible, ciertos conceptos que hoy por hoy se encuentran un tanto difusos o anticuados en los ámbitos de discusión política convencional. Y que sin embargo fueron el pan nuestro de cada día durante los primeros años de nuestra reciente democracia. Aunque primero desearía poder distanciarme de cualquier encuadre político actual. Por ejemplo considero lo que está sucediendo en Francia (Enero de 1998) como un desastre, sobre todo para el concepto de socialismo de los 90, y desearía que si alguien considera semejantes pretensiones y peticiones como propiamente socialistas, o se convenciese tras esta lectura de que "eso no es socialismo" sino capitalismo a la inversa o pataleta de burgueses empobrecidos y "decadentes", siempre utilizando palabras del "baúl de los recuerdos", o bien no me considerase socialista bajo esa bandera. Una vez dicho esto puedo comenzar.

 Creo que casi todos, seguro que alguien se me escapará, podemos aceptar que tradicionalmente se ha hablado desde políticas de derecha o de izquierda en los términos, de libertad y privacidad o en términos de justicia social y comunidad respectivamente.

Históricamente la derecha política ha manejado conceptos de índole económica proponiendo una legalidad común para todos los miembros de la sociedad, en tanto que indivíduos, y un mercado al cual cada uno pueda acceder libremente, para proveerse. Centrándose por lo tanto en los términos de individuo y libertad y favoreciendo la accesibilidad a un mercado común. Huelga, y hasta parece de mal gusto, hablar de términos como propiedad privada y leyes de la oferta y la demanda. Lo fundamental para mi artículo es la posibilidad de que se pueda plantear la validez real, nacional e internacional, de una ciencia prácticamente exacta que trate y estudie las leyes "propias" del mercado o de la economía basado en la oferta y la demanda de los miembros de una sociedad en tanto que individuos, y en tanto que unidades de voto.

 

La justicia social como concepto de base ha propuesto, o exigido si es que se desea plantear así, una búsqueda de la equidad de la masa social. Una comunidad de las condiciones de vida del ciudadano medio. Exigiendo incluso medidas de carácter político e índole arbitraria para condicionar el mercado en favor de los más desfavorecidos, por ejemplo expropiaciones etc. Y para asegurar a éstos los bienes considerados como necesarios o esenciales, sanidad, seguridad social, trabajo, etc., por encima de las libertades individuales y de la autorregulación del mercado. La justicia social podría decirse por lo tanto que trata y habla de derechos más que de libertades y de comunidad más que de individuos. La política de izquierda, por llamarla del modo tradicional, se ha centrado en derechos sociales y no en posibilidades individuales. Esta última distinción será muy importante más adelante. 

¿Se puede concebir un discurso político que coordine en términos económicos el concepto de justicia social? ¿Una sociedad solidaria que no aliene al individuo? Parece posible, sin embargo es poco realista. Cuando menos a mí me resulta algo ingenuo. Como toda proposición de un estado de equilibrio natural no cuenta con el sentido azaroso del devenir histórico de lo humano, con el agotamiento de reservas naturales y su reposición, etc.

Lo más plausible es la fluctuación constate entre una y otra posición, dado que la eternización de cualquiera de ellas se muestra cataclismática a la larga. La política en busca del equilibrio podría compararse a un equilibrista con pértiga que necesita alternar entre los dos extremos de la propia pértiga, de modo consciente, para mantenerse sobre la cuerda, sin precipitarse a la red. Deben parecernos temibles los momentos en que un pueblo cree que es posible un centro legal o natural de la realidad socioeconómica humana, renegando en cierta mediada de la historia y su caprichoso devenir, que en absoluto es tan predecible como la tensa cuerda que sustenta al equilibrista. Esta convicción suele anticipar una neta inconsciencia incompatible con un dominio consciente y popular de la pértiga. En la, reciente historia democrática del mundo, el pueblo que elige a sus representantes sólo es capaz de ver, darse a la ideología siempre extrema y ajena a la temporalidad o paciencia, y no de reflexionar y cuando se encuentra en un extremo de la pértiga, únicamente es capaz de mirar al otro y dirigirse hacia el precipitadamente, lo cual no estaría nada mal si fuese así de sencillo, constante y fluido. La pértiga, funcionando como los dos brazos de una balanza, puede tener demasiado peso en uno de sus extremos, como sucede cuando el movimiento ha sido de consenso y el otro extremo ha quedado vacío, de tal modo que el único modo de iniciar el ascenso, hasta poblar el otro platillo de la balanza, sea el de deshacerse de algo del sobrepeso, usease de algunos de los individuos, o bien purgados en Siberia o desamparados en su fragilidad innata.

Por lo tanto lo corriente suele ser hablar, cual profeta, desde una posición o desde otra, universalizando la opción como si fuese la única razonable. Y dado que cuando uno se encuentra en un extremo sólo se puede ver el otro y sentir lo presente y la vista es siempre el más optimista de los sentidos, y sin duda los sentidos son siempre más optimistas, discriminantes, e irresponsables que la razón bien entendida, el único discurso político que suele entenderse es el que se puede "ver". Y la situación actual, cuyos propósitos primitivos, una vez obtenidos carecen de "sentidos". Finalmente deja de comprenderse la validez de los viejos valores que propusieron aquel proyecto y la necesidad que lo propulsó. Y con la vieja posición ya alcanzada y una vez cumplidos los propósitos de aquella la política la natural insatisfacción del individuo deja de poseer excusas y vuelve a ponerse en marcha.

Sin embargo los últimos partidos socialistas de Europa, con sus tan distinguidos miembros, algunos ya en el gobierno, no están de acuerdo conmigo y sus discursos en poco o nada se diferencian de los de los partidos de derechas. Por supuesto no voy a dudar de mi criterio por lo que puedan expresar "ellos" y sigo pensando que esos discursos conllevan serias contradicciones.

Antes de ponernos a analizar específicamente esas políticas hasta alcanzar la comprensión de por qué los valores de la derecha política dominan el espectro de la política europea, sin presencia real de valores de índole socialista, merece la pena plantear la siguiente cuestión:

¿Puede estar la política de un país por encima de las leyes naturales, de la economía, que se basan en la propia naturaleza individual de los hombres y en su forma personal de manifestar sus deseos, necesidades y aspiraciones o debe siempre buscar una solución administrativa para dotar a sus ciudadanos de iguales oportunidades dentro de la comprensión de las leyes económicas reconocidas internacionalmente como válidas? (El hecho de que sean validadas a niveles internacionales también jugará un papel importante, más adelante, en el presente ensayo. No tanto por refrendar la universalidad de las "ciencias económicas" y su concepción del hombre y de la moral, como por la posibilidad que nos dará de entender los fundamentos lógicos (más bien dogmáticos) que guían el proyecto Euro, y por mímesis, ósmosis, o decreto, la política interna, las políticas de los países de la Comunidad).

1º. LA SOCIEDAD DE PROMETEO

Con dicha proposición se pretende que la sociedad puede dar un punto de partida justo e igual para todos los ciudadanos de la sociedad. En tal sentido la sociedad no es un punto de llegada sino un punto de partida y lugar de oportunidades (¿tal vez porque ya se habría llegado a la sociedad ideal? Como plantean tanto Fukuyama como J. Rawls, en sus propuestas "El fin de la historia" y "Liberalismo Político" respectivamente). Por tanto un punto de salida para la obtención de lo que realmente desea el individuo. De tal modo que al individuo se le propone que enfoque sus esfuerzos en luchar por, o en competir por, dentro de la sociedad, que le dotará de la legalidad necesaria para ello. En gran medida el sentido de palabras como cooperación con el resto de los ciudadanos por obtener una sociedad común pierde sentido, (tal vez esto nos sirva para interpretar fenómenos como Anway, etc.), como mucho serán asociaciones para competir en común con el resto de la masa social, tal y como son los sindicatos en EEUU, sin ningún carácter o aspiración nacional más allá de los convenios de cooperación. Es muy significativo el poco poder o valor político que poseen por sí mismos los sindicatos en EEUU, el país de las oportunidades.

En este sentido lo que la sociedad plantea a cada uno de sus miembros no es ya un estado del bienestar sino una propuesta a cada uno de ellos por su prosperidad. De tal modo que esta sociedad no habla ya de una comunidad de derechos ecuánime con sus miembros sino que pretende que se de la posibilidad real, y no solo teórica, de que todos y cada uno de sus ciudadanos puedan luchar en igualdad de condiciones por la obtención de su riqueza personal. En este mundo de libertades y oportunidades, por supuesto no existe el machismo, el racismo, ni las insuficiencias psíquicas o físicas, tal vez ni el desamor y el alcohol, ni el hielo y las fracturas de rodilla, por supuesto exagero, pero...

El valor fundamental en esta sociedad es la responsabilidad(2), como veremos más adelante.

Habitualmente la riqueza es una distinción respecto del resto de los ciudadanos de una sociedad, en este sentido no se puede decir que esa política proyecte un ideal de igualdad social de derecho, o de hecho, de sus individuos, sino que plantea una igualdad de posibilidades. Tampoco puede decirse que sea compatible con una política que busque, como objetivo esencial, la justicia social. Esa es la política que propone pues un partido con una compresión de la sociedad desde lo que tradicionalmente se ha llamado la derecha economicista, en función del individuo y de su libertad.

Supongo que ya la mayoría de mis lectores sabe por qué pretendo afirmar que las políticas de los partidos socialistas de Europa se pueden interpretar desde claves, por decirlo de algún modo, capitalistas, y pensarán que soy un exagerado, supongo que todavía no saben cuales han sido los resultados en sanidad, y pensiones de la política del período Tacher en G.B. aún a pesar del "esplendor" económico de su periplo. También supongo que no saben cuales fueron los criterios mostrados a los ciudadanos ingleses para demostrarles que habían recuperado la prosperidad que perdieron en el anterior estadio laborista. La recuperación por medios económicos de las influencias internacionales del viejo imperio británico a través de la fortaleza metropolitana de sus divisas. Me atrevería a afirmar que el español medio no sabe que es más rico en su país, donde están sus hospitales, tiendas, y carreteras, que el inglés medio en el suyo. Donde ponerse un buen marcapasos es una verdadera ruina. En España nadie, ningún ciudadano medio, pierde todos sus ahorros si precisa una operación de apéndice. Pregúntenle a un estadounidense cuánto le cuesta esa misma operación en su país.

No sé muy bien que es mejor, si ser el más rico cuando se está de viaje o vivir sin esos temores tan elementales en el propio país. Tal vez toda esa "escoria" que viaja a países del tercer mundo para poder disponer de un sirviente durante todo el día, sin mencionar otros aspectos más escatológicos del asunto, tuviese algo que decirme sobre esto. Ser un ciudadano privilegiado del mundo por pertenecer a una u otra nación tiene sus ventajas y sus inconvenientes al parecer, pero a mí sobre todo, me parece que como proyecto es todavía más inmoral que la clásica ciudadanía Romana.

El proyecto de unificación de la moneda en Europa tiene como uno de sus pilares básicos la creación de una divisa fuerte. Esto en sí mismo no es negativo, ni implica de modo inmediato ventajas de este tipo para el europeo medio. Sin embargo tal vez en los principios que se esté siguiendo para lograr esa divisa algo pueda estar, simplemente, podrido. ¿Quiénes serán los ciudadanos Europeos de primer orden? Esta es una pregunta secundaria que resolveré más adelante, pero que ahora avanzo para seguir manteniendo su atención desde el centro mismo de sus inquietudes más egoístas o, espero que así sea, altruistas.

En una economía de oportunidades lo fundamental es posibilitar, que no facilitar que ya se acercaría a una política de derechos, la obtención de un capital que permita el acceso a los recursos que el individuo desee. Preservar y mejorar el mercado, que es el lugar donde se puede obtener, por el trabajo o el negocio, es la forma diseñada para posibilitar la obtención de ese capital.

[...] Continuará:

SUMARIO

(1). Un "Recuerdo" algo cuestionable en el mejor de los casos, dada la arbitraria delimitación de sus lindes.

(2). "Responsabilidad": Tiene bastante que ver, este tema, con el discurso antropológico y político de la justificación en la posesión de armas y el modelo penal, que no judicial, de EEUU. Tema que trataremos a fondo en un nuevo y próximo artículo, una vez concluida la del presente.

 

 

Ricardo Lamas es licenciado en Filosofía por la Universidad de Navarra. Actualmente se encuentra realizando los estudios de Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid.

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